´´Si le das un pescado a un hombre, lo alimentas por
un día,
Si lo enseñas a pescar, lo alimentas para toda la
vida.´´
Considero que la razón
más importante de la autonomía en el aprendizaje es la relacionada con el
alumno como ser social actual y en el futuro: dentro del panorama social
actual, lo único que parece mantenerse es el cambio. Siendo así, también parece
necesario, desde este punto de vista, preparar, en la medida de lo posible, a
los futuros participantes de esta sociedad para afrontar esta situación de
cambios. Como afirma Little (1990:8), no se puede pretender que los niños sean
adolescentes y más adelante adultos autónomos si no han aprendido a ejercer
esta autonomía durante la etapa escolar. Trim (1988:3) puntualiza que ninguna
escuela ni ninguna universidad puede proporcionar a sus alumnos todos los
conocimientos o destrezas que puedan necesitar durante toda su vida y, por
tanto, la mejor formación que se le puede ofrecer al alumno es la capacidad de
seguir formándose más adelante.
Ayudar a los alumnos a
ser más responsables en su propio aprendizaje produce multitud de efectos
beneficiosos, entre ellos, que el alumno no es sólo un alumno momentáneo de una
determinada asignatura o área sino que es un alumno de por vida. Lo que aprende
puede olvidarse; sin embargo, cómo lo ha aprendido permanece más fácilmente. La
formación integral de nuestros alumnos exige que los profesores tomemos posturas
más radicales respecto a qué tienen que aprender y cómo lo tienen que hacer. No
vamos a estar constantemente a su la do para dictarles los conocimientos que
necesitan, sin embargo, es muy posible que tengan acceso a unos medios que les
permitan obtenerlos por sí mismos.
LA AUTONOMÍA también
es una actitud. Para nosotros el
término “actitud” es la clave. Es el punto de referencia sin el cual todo lo
demás perdería cohesión y coherencia. Al hablar de actitud tenemos en mente un
término paralelo: la s disposiciones. Las disposiciones a actuar, no deben
confundirse con la s destrezas o habilidades. Puede que un profesor domine una
destreza pero que no tenga disposición a utilizarla. Nos gustaría definir al
profesor desde ahora como generador, agente de cambio y promotor de actitudes,
etc. pero éste difícilmente podría transmitir algo que no entendiese, que no
sintiese o que no pusiese en práctica.
Los resultados de un
proceso podrían ser analizados desde la s actitudes que han cambiado. La mayor parte
de los cambios curriculares que observamos tienen como punto de partida un
cambio de actitud, primero del profesor y luego de los alumnos. Todo ello
implica, por supuesto, una positiva actitud receptiva por parte del profesor
para aceptar, asumir, incorporar, reconducir, etc. tal actitud.
Un proceso de
autonomía no podría explicarse sin un cambio de actitud por ambas partes. Ello
implica que, para que haya autonomía, tenga que hablarse de un proceso plural.
El profesor y el alumnado tienen que aceptar los cambios de actitud al mismo
tiempo que se ponen en práctica. Sería difícil explicar la actitud sin acción.
Cuando hablamos de acción estamos hablando también de evaluación de esa acción
y de una toma de decisiones curriculares a partir de la misma. Si queremos crecer
en actitudes no debemos dejar a un lado la evaluación de la s mismas como punto
de partida de otras nuevas actitudes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario